24/5/07

El comienzo

El Club se fundó en una ciudad de ilusiones, bajo una bombilla desnuda y rodeado de botellas medio vacías. Como veis, no fue un comienzo ni prometedor ni peculiar, pero al final se le coge cariño y de vez en cuando te entran ganas de volver a él (o ella, o lo que sea). Este blog puede ser otro comienzo o un final, veremos...

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Tratándose de nosotros, cualquier cosa puede ser comienzo o final, pero yo para no perderme en melancolías de bombillas y botellas propongo hablar de una cuestión.

La genética nos dice lo que somos, pero no como somos (o eso pienso yo). Dicta como han de ser nuestras células, pero...¿dice también como han de reaccionar éstas ante los estímulos? Vosotros que decis.

Carlos Borondo dijo...

Me parece bien lo de eludir la melancolía e ir directos al meollo.

La genética dicta qué somos (de qué estamos compuestos y en qué manera), dicta una estructura. Esta estructura conlleva inherentemente a ella otra serie de condiciones, esto es, cuál es su comportamiento en diferentes circunstancias. No creo que sea un determinismo, pero el "como" de la estructura nos lleva al "como" de su propia respuesta, con una horquilla de margen entre límites más o menos definidos.

En resumen, lo que somos condiciona de manera muy restrictiva cómo somos. Al menos me parece un buen razonamiento. Os paso la pelota

Anónimo dijo...

Una que me he encontrado de Álvaro Pombo.

"Yo dije la verdad lo dije una y otra
vez a todo el que quiso oírme
e incluso varias veces a quienes
no querían oírme no fue un gesto
excesivo ni me costó trabajo
sencillamente decidí repetir
lo que había

dicho tantas veces ya cuchicheándolo
en los pequeños oídos
de las lagartias
como un ave desafortunada
que entona varias melodías
ligeramente indecisas
y ninguna emitida para ser escuchada
o deleitar o entristecer al hombre

Nada en realidad ha sido pensado
para que tú lo entiendas
ningún jerglífico se dibujó
minuciosamente para que tú
te pierdas
ningún tesoro se escondió
para que tú no lo encontraras

Tú no existes"

Carlos Borondo dijo...

¿Qué añadir? Se ha cargado toda la filosofía moderna de un plumazo. Del ser y la nada a la nada y la nada. De la evidencia del hombre a la evidencia de su inexistencia.

Y lo peor es que tiene razón. Ahora es cuando empezamos con nuestro cinismo...

Carlos Borondo dijo...

¿Quién sabe lo que sucede en los lugares distintos?
De nuestras manos fluyen orines apagados.
No por mirarse los ojos el verano descifrará sus sonidos.

Ayudadme a sumir el tiempo en su mentira,
acercaos sin miedo, no soy yo el más valiente,
así seguimos los pasos de todos los que aún no han muerto.

Debajo de la noche todo sigue sucediendo,
los insectos con alas esperan un viento propicio,
las olas del mar se ausentan
y tras el caparazón de los ruidos encontramos formas increíbles,
esas que sólo deshabitan nuestro mundo al nombrarlas.

Como tú. Como vosotros.

Aún no habéis llegado al lugar de la espera,
al lugar de la eterna, despaciosa espera
y creéis en ídolos vagos o de oro o con las pezuñas vendadas tras heridas que nunca han sangrado;
aún no habéis llegado y la noche acaba.

¿Quién me aseguró, en su lúbrica lucidez, que sabía formular todas las preguntas inútiles?
Acaso el liquen breve del conjunto de nuestras lenguas no sea suficiente,
las crines de los caballos ondean en un viento inseguro,
recuerdan a una mujer, pobre, sentada en la playa.
Miraba, perdida, símbolo de sí misma.

Los espejos nos ahuyentan hacia un adelante confuso
de saltamontes en las camas, de conversaciones con mesas de múltiples patas o alacranes inocentes
pero ya con los ojos arrancados,
por si acaso.

¿Quién puede conocer qué pasa en su lugar
cuando no es él el que lo piensa,
el que lo inspecciona con las uñas como distinto de sí mismo,
en el afuera de su hábitat de piel envejecida;
cuando ni el lugar ni él son lo mismo
ni lo que eran?

Anónimo dijo...

Tengo dos cuestiones para que me han surgido recientemente.

1. Viendo un partido de tenis por la tele, resultaba que los comentarios de los presentadores llegaban antes que la imagen, de forma que uno ya sabía si la bola era buena o mala antes de verlo. Esta cuestión tan estúpida me llevó a pensar que para los presetadores las cosas pasaban antes que para mí, es decir, que el mismo hecho existía en dos momentos distintos. ¿Es esto posible? ¿Qué prinicipios ha de cumplir un suceso para decir que éste existe o ha existido?

2. Mirando el monitor que tengo delante, me doy cuenta de que situado en una posición privilegiada puedo llegar a la conclusión de que el monitor es un objeto bidimensional. Sin embargo, colocándome en una posición algo más humilde (más realista) el monitor es un objeto tridimensional. Cuando alguien se coloca en una posición privilegiada y se pierde la perspectiva de los hechos, ¿dejan estos de existir? ¿dejan de haber sucedido?

Carlos Borondo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Carlos Borondo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Carlos Borondo dijo...

Contesto en la otra entrada: "el jardín de senderos que se bifurcan"